Lectura del libro de Isaías 55, 10-11
Así dice el Señor:
«Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino
después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que
dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que
sale de mi boca: no volverá a mi vacía, sino que hará mí voluntad y
cumplirá mi encargo.»
Que la Palabra de Dios nos empape para que podamos presentarnos ante Dios llenos de vida.
¡Feliz cuaresma!
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martes, 28 de febrero de 2012
viernes, 20 de enero de 2012
COMENTARIO AL EVANGELIO
Domingo 3º T.O. B
Lecturas completas del domingo aquí
El domingo pasado tuvimos un encuentro con Jesús en el que nos invitaba a compartir la vida, a hacer de las encrucijadas de los caminos un lugar lleno de vivencias y permanencias. Hoy nos da una advertencia serena pero apremiante: “el tiempo está cumplido, convertíos y creed en el Evangelio”. Si la semana pasada nos decía el evangelio que en cualquier camino podemos encontrarnos con Dios, hoy nos dice que cualquier tiempo es tiempo de volver nuestro rostro hacia él y vivir de su gracia.
Inmediatamente después de este anuncio se produce un nuevo encuentro entre Jesús y los primeros discípulos. La semana pasada tras una experiencia que deja una huella casi indeleble en la memoria de ellos, en la que descubren que Dios conoce sus nombres, hoy descubren también que Dios tiene una tarea para ellos. Este descubrimiento, que es sorprendente, que puede ser sorprendente también para nosotros, se produce de una forma cotidiana, en medio del trabajo. Pedro, Andrés, Santiago y Juan se ponen en pie, para recorrer de modo nuevo los caminos de siempre, al ritmo de Dios.
Puede que todos nosotros no estemos en condiciones de levantarnos y dejar familia y trabajo para seguir por los caminos a Jesús que nos llama a ser discípulos, pero lo que sí que estamos en condiciones de hacer es empezar a vivir nuestro tiempo como ese tiempo nuevo vivido cara a Dios, recorriendo nuestra vida al ritmo de Dios y haciendo de modo nuevo nuestro trabajo cotidiano, y hacerlo con la urgencia y la inmediatez con la que el Evangelio de este domingo nos invita a hacerlo.
Lecturas completas del domingo aquí
El domingo pasado tuvimos un encuentro con Jesús en el que nos invitaba a compartir la vida, a hacer de las encrucijadas de los caminos un lugar lleno de vivencias y permanencias. Hoy nos da una advertencia serena pero apremiante: “el tiempo está cumplido, convertíos y creed en el Evangelio”. Si la semana pasada nos decía el evangelio que en cualquier camino podemos encontrarnos con Dios, hoy nos dice que cualquier tiempo es tiempo de volver nuestro rostro hacia él y vivir de su gracia.
Inmediatamente después de este anuncio se produce un nuevo encuentro entre Jesús y los primeros discípulos. La semana pasada tras una experiencia que deja una huella casi indeleble en la memoria de ellos, en la que descubren que Dios conoce sus nombres, hoy descubren también que Dios tiene una tarea para ellos. Este descubrimiento, que es sorprendente, que puede ser sorprendente también para nosotros, se produce de una forma cotidiana, en medio del trabajo. Pedro, Andrés, Santiago y Juan se ponen en pie, para recorrer de modo nuevo los caminos de siempre, al ritmo de Dios.
Puede que todos nosotros no estemos en condiciones de levantarnos y dejar familia y trabajo para seguir por los caminos a Jesús que nos llama a ser discípulos, pero lo que sí que estamos en condiciones de hacer es empezar a vivir nuestro tiempo como ese tiempo nuevo vivido cara a Dios, recorriendo nuestra vida al ritmo de Dios y haciendo de modo nuevo nuestro trabajo cotidiano, y hacerlo con la urgencia y la inmediatez con la que el Evangelio de este domingo nos invita a hacerlo.
martes, 10 de enero de 2012
COMENTARIO AL EVANGELIO
DOMINGO 2º T.O. B
¡No dejéis pasar las cuatro de la tarde!
El evangelio con el que comenzamos el tiempo ordinario después del tiempo de Navidad es una invitación a descubrir el valor de lo cotidiano. Nuestras vidas están marcadas por grandes hitos, son las grandes celebraciones que de alguna manera anclan nuestra existencia y nuestra identidad y van modelando nuestra vida. Pero entre esos hitos hay cientos de días que pasan bajo apariencia de la cotidianeidad y la rutina, y vividos de la forma adecuada, también pueden (deben) convertirse en hitos de la historia de cualquier persona. Para Juan y Andrés, el día del que habla el evangelio es un día más entre los muchos de su vida vivida: con el tiempo repartido para trabajar, para estar con los amigos y la familia y para acompañar a un hombre que les eleva la mirada hacia Dios, Juan el Bautista.
Entre ese ritmo cotidiano, se hace posible un encuentro singular: el encuentro con Jesucristo. Ese encuentro cambia para siempre sus vidas y sin duda hace que la realidad se redimensione, se amplíen los horizontes y la existencia alcance una nueva profundidad y altura de miras. Cuando permitimos que la vida cotidiana se convierta en un encuentro con Jesucristo debemos enfrentarnos a una pregunta: ¿Qué buscamos? La respuesta de Juan y Andrés contiene en sí un anhelo de permanencia: descubrir el lugar de la vida de Dios, y para sorpresa de Juan y Andrés Dios ha hecho morada entre nosotros y podemos pasar el día con Él. De este modo lo cotidiano se convierte en hito, lo ordinario en extraordinario y deja en nosotros una huella en la memoria. ¿Cuántas veces en nuestra vida hemos vivido esas cuatro de la tarde? ¿Cuántas más nos quedan por vivir?
Por último, nuestra relación con Jesucristo también debe transformar nuestros encuentros con las personas con quienes compartimos la vida cotidiana, para llevarlos a Jesús, como Andrés con su hermano Simón. Quizás sea el modo de descubrir que Dios también conoce sus nombres, y quizás hasta tenga alguno nuevo para ellos.¡No dejéis pasar las cuatro de la tarde!
jueves, 10 de noviembre de 2011
Reflexión sobre la sabiduría
Profunda reflexión sobre la sabiduría en la lectura de hoy. Merece la pena leerla con calma, orarla y sobre todo pedir que nuestro estudio tenga como fruto esta sabiduría, don de Dios, que con la luz de la belleza lo ilumina todo. Mucho ánimo con el estudio, y que no decaiga el esfuerzo en la búsqueda de la verdad.
Lectura del libro de la Sabiduría 7, 22-8, 1
La sabiduría es un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, móvil, penetrante, inmaculado, lúcido, invulnerable, bondadoso, agudo, incoercible, benéfico, amigo del hombre, firme, seguro, sereno, todopoderoso, todo vigilante, que penetra todos los espíritus inteligentes, puros, sutilísimos. La sabiduría es más móvil que cualquier movimiento, y, en virtud de su pureza, lo atraviesa y lo penetra todo; porque es efluvio del poder divino, emanación purísima de la gloria del Omnipotente; por eso, nada inmundo se le pega. Es reflejo de la luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios e imagen de su bondad.
La sabiduría es un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, móvil, penetrante, inmaculado, lúcido, invulnerable, bondadoso, agudo, incoercible, benéfico, amigo del hombre, firme, seguro, sereno, todopoderoso, todo vigilante, que penetra todos los espíritus inteligentes, puros, sutilísimos. La sabiduría es más móvil que cualquier movimiento, y, en virtud de su pureza, lo atraviesa y lo penetra todo; porque es efluvio del poder divino, emanación purísima de la gloria del Omnipotente; por eso, nada inmundo se le pega. Es reflejo de la luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios e imagen de su bondad.
Siendo una sola, todo lo puede; sin cambiar en nada, renueva el universo, y, entrando en las almas buenas de cada generación, va haciendo amigos de Dios y profetas; pues Dios ama sólo a quien convive con la sabiduría.
Es más bella que el sol y que todas las constelaciones; comparada a la luz del día, sale ganando, pues a éste le releva la noche, mientras que a la sabiduría no le puede el mal.
Alcanza con vigor de extremo a extremo y gobierna el universo con acierto.
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