miércoles, 7 de noviembre de 2012

COMENTARIO AL EVANGELIO


Las apariencias y la verdad. Los fariseos y la viuda.
31 TO B

   Dos personajes sobre los que Jesús habla en este evangelio, y dos miradas a la realidad. La primera es la mirada de la apariencia, que se refiere a los fariseos; la segunda, la que descubre la intensidad de la verdad, se refiere a la viuda pobre.

   En el caso de los fariseos hay una mirada superficial, en la que los amplios ropajes, la devoción y los puestos de honor dan un aspecto atrayente, atractivo a su existencia. Pero bajo esa apariencia no hay más que un afán devorador de los recursos de los más débiles. Esta atracción por la apariencia no es algo meramente personal – no son los fariseos quienes desean ser como otros fariseos – sino también social: una sociedad que valora la apariencia de excelencia pero que sabe que solo se puede lograr despojando de la dignidad a los más necesitados. Jesús con sus palabras pone de manifiesto y hace explícita esa apariencia atractiva y mentirosa.

   Junto a esa mirada superficial, hay otra profunda que descubre la verdad y la belleza que se manifiesta de forma intensa y cautivadora en la sencillez de una limosna. En contraste fuerte con la imagen anterior, una viuda - uno de los colectivos más débiles y desprotegidos de la sociedad en la que vivió Jesús – entrega una limosna. Algo pequeño y sencillo, pero en lo que se pone en juego toda su existencia, y la verdad y la belleza de una vida confiada en Dios se presentan con tal intensidad que provocan esas palabras de admiración de Jesús.

   Tiempo de educar las miradas, de descubrir la intensidad de la verdad en pequeños gestos, y de vivir una vida auténtica, desde el evangelio, que pone en juego toda nuestra existencia. 

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